Cierto y verdadero. Siempre es así. Cuando defiendes con razonamiento. Todo se pone en su lugar. Todo regresa en positivo. Te cueste lo que te cueste. Al final, te recompensa. Nunca debemos cansarnos de luchar. De proteger lo nuestro.
Sin valores, tenemos poco que hacer. Una regla, bien aprendida. Por tener a unos PADRES incansables. Luchadores, valientes. Hasta el final de sus días.
Ya no están aquí. Pero siguen en mi corazón, en mi alma. Nunca me dejarán, lo sé con toda seguridad.
Agradezco toda la enseñanza, todos los consejos. Sentirme siempre protegida. No verlos desfallecer.
Suspiro hasta sus últimos alientos. Pues tuve la gran suerte, de aconpañarles hasta su IDA. Recuerdo sus respiraciones, diferentes. Pero anunciando despedida.
Sus gestos, sus últimas palabras. Sus miradas. Sus apretones de manos. Las horas tan cerca de ELLOS.
Su vigilancía, por verme tranquila. Su esfuerzo por no verme sufrir. Sus intentos de pasar desapercibidos. Y sus reacciones al verme batallar. Su entereza para que yo descansara. Su incondicional apoyo. Su preocupación por mi bienestar. Mientras no les importaba IRSE. El orgullo que sentían al verme defender sus derechos. Como sacaban la poca fuerza, para demostrar quién era su hija.
No puedo olvidar ningún momento de intimidad. De conexión. Apenas sin hablar. Solo con las miradas.
No quiero olvidar. Ninguno de los momentos vivídos. Como querían a mis HIJOS. A mis NIETOS...
SIEMPRE EN MI CORAZON.
A MIS PADRES.

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