Aquélla niñita, sigue queriendo salir a flote.
Aprendió a representar dureza. A algunos les parecía, que esa niña era sería, antipática. Engreída, exigente, e incluso que no daba cariño.
A otros les deleitaba, estar junto a ELLA. Quizás se volvió inalcanzable para mentes ópacas. Se dedicó a visualizar mentes asertivas. Seguramente escogió el camino más fácil. Siendo selectiva con los personages.
Siempre destacó algo en ELLA. Sus ganas de ayudar al prójimo. Su ansía de hacer felices a los demás. Y hoy creo que era simple necesidad de cariño.
Su MADRE, le inculcó el coraje, la valentía, el amor, la paciencía. Incluso más de otro sentimiento, al que la NIÑA, intentó por todos los medíos revelarse. Su PADRE, la enseñó a luchar, a defender sus valores, y también a sentirse siempre arropada. De una forma u otra, Ella siempre vió, la figura de su PADRE. Como al más guerrero. Lo llegó a comprender. Lo perdonó. Y lo quiso con locura.
La NIÑA, creció confundida. Protegida por sus HERMANOS. Tuvo la gran suerte de mantener buenos recuerdos, sobre su infancía. Enmascarados por temor, miedo, pesadillas.
Ofreció su mejor versión. Quería agradar. Sentir que era importante. Buena NENA. OBEDIENTE.COMPLACIENTE.
Aprendió límites. Creó muros de autodefensa. Buscó refugío. Equivocándose en más de una ocasión. Fue guerrillera de situaciones innecesarías para una NIÑA. Vivió y superó el cruel MACHÍSMO.
Eso creía ELLA. Batalla tras batalla. Se sentía herida. Se rendía. Y volvía a luchar. Contra todo y todos.
Correcto, es que calles. Que seas reponsable de tí mísma. No hables más de la cuenta. No te creerán.
Guardar secretos, aparentar. Por el echo de representar una obra de teatro, de cara a los demás.



