De todos los colores, materiales, olores, capacidades, tamaños...
Vivo el día a día. Cada vez, con más frecuencia. Las personas, alteradas. Sin educación, ni paciencia, ni modos. Ni siquiera los más mínimos valores. Esa enseñanza que te inculcan en la escuela, tan básica. En casa. No saben ni lo que es.
MODALES. NI SIQUIERA SABEN QUÉ SIGNIFICA.
Veo comportamientos inadecuados en el transporte. Ya ni les llaman la atención. Un día vas con tu billete, y el revisor te la lía. A otros ni molestar. Lo escucho de los Vigilantes; no quieren problemas. Aun siendo su trabajo. Los escucho de los trabajadores. Están más que artos. Así va todo, el pez que se muerde la cola, sin fin. Los revisores no se atreven ni a respirar. Pasan de largo. No se les ocurra decir algo en plan valiente, porque saltamos el público de a pie, a quejarnos como bestias. Porque ya no aguantamos la situación.
Pero también se viven situaciones bonitas. Suelo ayudar en todo lo que puedo. A cualquiera que lo necesite. Te lo agradecen. En ocasiones me confunden con trabajadores. No sé que tiene mi cara. Todos acuden a mí. Incluso en la Caixa. Me dicen un señor, bien podrías pasar por una trabajadora. AIX.
En el super, en el médico. Con la tecnología. Sobre todo a los MAYORES, a los que tanto adoro y admiro.
Procuro hacer el bien, a quien se cruza en mi camino. Niños, jóvenes, adultos. No me importa, se acercan y me preguntan. Si sé la respuesta, colaboro. O les indico dónde acudir.
YO SIGO.
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