Era aquélla, la no recordada.
Frustrante e irrevocable.
Olvidada en lo más profundo y constante.
Sin medios naturales, con fuerza aplastante.
Era aquélla, soledad fría.
Oscura, sin brillo y deslucida.
Vagando por esos caminos.
Sola en su soledad.
Desconsolada, altiva y espeluznante.
Evocando libertad, ahogada sin poder respirar.
Esa soledad tan inquietante.
Abrumadora, distante.
Dudosa, cabizbaja, titubeante.
Despertando ensimismada, cortante.
Su sonrisa desapareciendo, acobardada.
Muerta por dentro y por fuera.
Viva, exaltada, diva.
Reafirmando su ira, comprometida con su vida.
Por fin incluida en la suprema y divina autoestima.
VIVIENDO.
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