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lunes, 9 de septiembre de 2013

UN AMOR QUE COMIENZA EN LA INFANCIA.

Claudia, una simple niña que con apenas 7 añitos, llega a la gran ciudad.
Claudia se adapta poco a poco a los misterios que tanto ansía descubrir. La niña es dulce, obediente, educada, tranquila. Y encierra un gran misterio que nadie logra descubrir.......
Claudia inicia su primer amor casi sin darse cuenta. Pero con una intensidad atroz.
Mientras juega en el patio de su colegio; vislumbra a un niño DANIEL; un niño guapísimo, un niño fuerte, un niño que destaca entre los demás.
Le llama tanto la atención, que no puede dejar de fijarse en él.
Daniel es todo un lider, todos le admiran, todos le siguen. Claudia no iba a ser menos.
La niña intenta inmiscuirse en ese grupo, el problema es que son un poco más mayores. Pero a ella no le importa. Lo va a intentar. Claudia es bastante tímida, pero cuando se trata de conseguir algo que ella quiere; puede ser capaz de utilizar las armas más insospechadas.
De hecho Claudia ingenia todo un plan.......
Primero lo intenta con los mayores, se sirve de su hermano mayor para acercarse al grupo. La suelen rechazar.
Ha de intentarlo de otra forma; decide hacerse amiga de la hermana pequeña de DANIEL, lo consigue. Se hacen íntimas amigas. Manos a la obra. Empieza ese temido y esperado gran camino hacia la FELICIDAD.
Claudia sólo consigue acercarse a DANIEL, a través de juegos compartidos en grupo. Pero nunca se siente admirada por él. Más bien al contrario, DANIEL la repudia. La ve demasiado pequeña. La protege en demasía, como si de una hermanita se tratara.
Juegan en el patio, juegan en la calle, juegan en la plaza, juegan en todos lados. Juegan en casa, tanto de uno como del otro.
Y aún así Claudia queda siempre en segundo plano, detrás de otras niñas más mayores que ella.
No lo puede soportar, cae en la rabia. Se siente profundamente enamorada, hechizada por ese niño. Y él no la hace apenas caso.
Claudia se siente feliz, cuando comparte con DANIEL, toda clase de juegos.Cuando él la roza sin querer, cuando la agarra por la cintura, cuando le da un beso jugando a las prendas o a la botella.
Claudia siente que va a desmayarse cuando jugando al CHURRO, Daníel salta encima de ella, o al contrario. Ella siente el olor de Daníel; huele a niño fuerte, sano, audaz, callado, dominante. Huele a niño de calle. A esos niños que saben tanto, sin haber ido a la escuela.
Claudia escucha lo poquito que habla Daníel. Parece que sus palabras son tan inteligentes, tan acertadas, tan distintas a lo que ella está acostumbrada a oír.
Claudia tiene hermanos varones; pero nunca ha escuchado esas palabras tan bien sonantes, tan directas, tan escuetas y bellas a la vez de un niño. Es evidente que ese niño la tiene encandilada.
Claudia sueña con estar junto a Daniel, imagina que es el hombre de su vida. Siente que su corazón late deprisa cuando se aproxima a él. Siente que se queda sin aliento, siente que no puede ni respirar. Claudia se ha enamorado de Daniel.
Indudablemente es sólo una niña, pero es precioso todo lo que su cuerpo y su mente sienten en ese proceso tan natural del AMOR.
Daniel sigue su camino, jugando al fútbol, yendo en bici, jugando a las canicas. Jugando con sus amigos.
Claudia se conforma con verle jugar. Con ver su esbelta figura, su pelo lacio y negro, sus ojitos achinados y oscuros.
Claudia disfruta de los logros de Daniel; cuando éste GANA. Y además tiene la gran suerte de GANAR SIEMPRE. Es un chico luchador, cabezota, es un CHICO MARAVILLOSO.