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viernes, 31 de enero de 2014

DANIEL Y CLAUDIA.

Los dos intentan hacerse maduros y responsables. El próximo nacimiento del fruto de su amor pronto estará con ellos.
Y reúnen fuerzas para saber afrontar el nuevo acontecimiento. El cual ansían con ganas. Es indiscutible que toda pareja que se precie, en un momento dado de sus vidas; deciden ser PADRES. Como se suele decir ley de vida.....
La llegada al mundo de su Hija, les llena de felicidad. Claudia es primeriza en el tema, al igual que Daniel; eso no impide que adoren a su hija con locura. Ellos están tan felices.
Y nada, a partir de entonces ya son TRES. Ya son una familia con todas las de la ley.
Se brindan en elogios entre ellos y para su NIÑA. Es una niña tan deseada, tan buscada, tan querida.
La pareja unen más, si cabe, sus lazos.
Es maravilloso sentir que se siente al ser MADRE, sentir que la pareja arroja todo su AMOR hacia su NIÑA.
Es admirable como todo empieza a girar en torno a ese recién nacido, a ese recién llegado. Se forma un vínculo entre dos para forjar a una persona. Para deleitar y ofrecer todo cuanto puedes. Y empiezas una nueva andadura; educar a tu hija por encima de todas las cosas.
Se sufren altibajos, se sufre algún que otro disgusto; incluso padeces en silencio todo lo que le sucede a tu bebé. Tu vida se torna especialmente diferente a como era hasta antes de su llegada. Ya no tienes ojos para nada más, solo vives y respiras por ella.  Los padres se arman de valor para seguir tan unidos como siempre, y solo consiguen satisfacción a ver sonreír a su hija.
Me resulta un poco difícil explicar con palabras lo que se siente al nacer tu hijo.
Imagino que cada uno tiene sus propios sentimientos. De lo que estoy segura es de que todos sentimos el mismo amor hacia nuestros hijos.
Daniel y Claudia no son la excepción. Intentan salir adelante, intentan educar, intentan hacerlo lo mejor posible. Es posible que en alguna ocasión se pudieran equivocar, o incluso cometer algún que otro error. Pero seguro que no fue en vano todo el esfuerzo. Y evidentemente cualquier sacrificio tiene sus recompensas.
Y creerme la felicidad de tus hijos, te alivia de tal forma, te consuela, te llena eternamente.
De eso se trata de arrojar todo tu amor; para conseguir hacer de tus hijos personas.
No se puede pedir más, traer al mundo a tu hijo sano, y conseguir que crezca feliz.
Me siento orgullosa de ser MADRE.
Me siento orgullosa, sobre todo porque esto no se consigue sola. Es algo de TRES.
GRACIAS HIJA.