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viernes, 12 de abril de 2013

CALLE MOZART.

Quiero dedicar una especial atención a la calle MOZART, calle en la que he vivido momentos entrañables, en la que se ha desarrollado mi infancia y parte de mi adolescencía, calle en la que he vivido una etapa fascinante de mi vida. Porque queridos amigos,yo vivía en FERRER DE BLANES, pero para mí era el final de la calle MOZART, sólo nos separaba la calle DOMENECH.
En esta calle sucedía de todo, o todo sucedía en torno a ella.
De esta etapa, recuerdo como mi padre me mandaba a comprar, al BAR de M Angeles, un bar oscuro, que me causaba un poco de pavor, hasta el día que descubrí la TV, que evidentemente en mi casa no había. Y yo me quedaba prendada ante esa máquina, mientras me despachaban el vino, para la comida de mi padre. O la gaseosa, que os reireís, pero mi madre hacía comprar LA CASERA, o FAMILIAR. Y en casa se comía con vino y gaseosa.
Si por algún casual no tenían en ese Bar, tenía que ir al de la SRA MONTSERRAT, ahí siempre había gente comiendo, y tenía unos bidones maravillosos. Me alucinaba como esa señora hacía las cuentas, con símbolos.
Más adelante ese BAR tendría otros significados para mí.
Pues si ahí no encontraba el encargo, iba más arriba a las EURAS, siempre lleno, de gente, abarrotado.
Y ya por último podía recurrir a la bodega de la PLAZA RIUS Y TAULET, o PLAZOLETA DE ORIENTE, allí siempre tenían de todo.
La calle MOZART, también tenía otro BAR el del SR LUIS, pero ahí no se compraba, no sé, la gente comía y tomaba algo.
En esta calle teníamos un FERRETERO, o MAÑÁ, y algún que otro profesional. Teníamos al DRAPERO, emocionante llevarle carton, para que te diera unas pesetas. O embases, que también te pagaba, o papel de periódico, creo que era el recilaje.
Y en esa calle viví momentos increibles, juegos, peleas, enamoramientos. Recuerdo comer muchas pipas, en la entrada de una Guardería, y charlas que no tenían fin.
Además si te cansabas de estar ahí, podías irte a la PLAZA, porque claro, antes estabámos mucho tiempo en la calle, o eso me parcía a mí.
Y en la PLAZA, podías comer sobras de PATATAS FRITAS de la CHURRERIA, que te las vendían por 10 pesetas, o comer picadillo de embutidos de la TOCINERÍA, que era barato. Eso eran nuestras chuches.
Aparte de las pipas o el maís, y el chiclet BOORMER, o el de pintalabios rojo, o las nubes, y poca cosa más.Ah bueno también teníamos regalíz negra y la de herboristería.
Calle MOZART, llena de olores inconfundibles, de gente de barrio, de grandes vecinos. Una calle de GRACIA.