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jueves, 11 de abril de 2013

HECHOS INPACTANTES.

Hay varias cosas que me han hecho mella en mi infancia:
Una de las primeras que recuerdo, fue un día que mi hermano J me llevó al Corte Inglés. En principio ibamos a ir en metro, el muy sabio me hizo pedir por la calle, e imagino que no llegaba, así que bajamos andando por todo el Paseo de Gracia, interminable. Creo que subimos en metro, porque mi hermana que trabajaba allí, en la sección de Boutique de Señoras, nos dió el dinero.
Otra fué, una escapada al Parque Guell, con mis amigos, y divisar innumerables barracas, lo pasamos muy bien, jugando por allí.
Me impactó de lleno, un coche que me piso el pie, por mi gran valentia. Apostabámos en la calle quién se atrevía a bajar el pie de la acera,¿os acordaís?.  Pues precisamente me atropelló el jefe de mi hermano A, que para entonces trabajaba en un Bodega en la calle Maria, por cierto tenían unas aceitunas buenísimas.
Me impactaron esos descubrimientos de grandes tesoros en casas abandonadas, en descampados.
Esos subteráneos, donde te podías duchar, hacer tus necesidades, e incluso comprar tabaco.
Subirme en los Ferrocarriles, en el Trambia Blau.
Tengo algún recuerdo doloroso de esa etapa, que en general era tan feliz.
Tres hechos importantes:
En mi escalera, pasaban cosas excepcionalmente especiales, como por ejemplo, encontrarte a alguien durmiendo, en el final de los peldaños. O que entraran a robar jitanas. O que un vecino de toda la vida, te tocara las tetas. Si parece mentira, o al menos eso le pareció a mi madre. Y cuánto miedo pasaba al quedarme sóla al cuidado de mi hermano P.
Otro día hablaré de los famosos pervertidos de mi época.
Continúo con esos recuerdos impactantes:
Quisiera hacer incapié que en el barrio de Gracia tuve grandes amigas jitanas, que me enseñaron cosas sobre su cultura, sus bailes, etc.
Y  mi escalera, por cierto que sabeís que se abría con picaporte, ocurrieron acontecimientos, que contar,e más adelante, por la etapa adolescente.
Me emocionaba, el sonar de las llaves del SERENO, a altas horas de la noche. Sobre todo cuando llegaba mi hermana C, y mi padre la solía esperar en el balcón.
El sonido ensordecedor del AFILADOR, y ver como todos los vecinos, por algún motivo salían corriendo a la calle, con grandes cuchillos o hachas.
M e impactó ver por mi calle a un travestí, que más tarde sería Bibí Andersen.
Me quiero sincerar, y decir que mi madre no sé porqué razón, a veces me hacía cruzar desde el balcón de mi vecina al mío para abrir la puerta de casa, que sepais que yo vivía en un tercer piso. Como me lo pedia ella, yo perdia todos los vértigos y miedos. Estoy segura de que ahora no lo haría.
Quiero hacer mención a una vecina del primero, mayor, que en algunos momentos me causaba terror. Pero mi madre siempre la socorría, pienso que no debería ser tan cruel. Incluso agradezco su influencia, que más tarde serviría para hacerme ver que los abuelitos son la gran pasión de mi vida. De hecho es a lo que me dedico actualmente. Pues la bendita señora, fue la que me regaló mi muñequita Nancy de Primera Comunion. La única Nancy que tuve en mi vida, que arropé con cariño, que le reservé un cajoncito en mi armario, vamos que tuvo todas las comodidades, que yo sencillamente le pude ofrecer. GRACIAS SRA CONCHA.
Dos hechos que llevaré a cuestas toda la vida:
El primero la gran verguenza que pasé en el colegio, cuando llamaron a mi madre, porque yo por lo visto robé una goma o un lapíz- Amigos como siempre hubo otros robos, pero el mío fué descubierto por chivatazo, lástima que no recuerdo el susodicho. Una de esas injusticias de la vida, ni siquiera recuerdo si fuí yo, lo único que recuerdo es que cargué con el mochuelo, posiblemente por encubrir a alguien.
Y el segundo, fué que por mi solidaridad hacía los demás, me metí en un gran lío familiar, y claro salí perjudicada. También llamaron a mi madre, allí estabamos en esa casita que estaba entre el cole y la iglesia. Y me llevé la bronca del siglo. Pero sigo recordando que lo que más dolío fué otra vez la injusticia, y el poner en evidencia a mi madre. Por eso no se me ha olvidado la frase, mi madre me dijo: En boca cerrada no entran moscas, Ver oír y callar, y alguna frase más, era muy refranera mi madre.¿Te acuerdas MAMA?
Y por supuesto, me dijo, de esto Ni una palabra a tu Padre. Y aquí fué donde yo empezé a guardar secretos. O sea empezé a despertar de mi inocencia.
O sea querida MADRE, tus palabras siempre me acompañan, como esas charlas en el balcón, de Madre a Hija. Y claro,ahora tengo de agradecer, y confirmar que tenías razón. Que aunque entonces te escuchaba, y no te hacía caso, que verdad, eso de que cuando seas mayor lo entenderas. O tu famosa frase:
Un día dirás.... Razón tenía mi madre. OJO HERMANOS, ¿a que lo habeís oido alguna vez?
Y así termina una fase oscura de mi vida.